Derrotando a Jim Crow 2.0

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September 20, 2025, New York City: Make Billionaires Pay March targets Big Tech A.I.Photo: Camara Porter
20 de septiembre de 2025, Ciudad de Nueva York: Marcha “Hagan que los multimillonarios paguen” advierte sobre la Inteligencia Artificial.
Foto – Camara Porter

Comité Electoral de Necesidades Básicas (BNEC)

A medida que nos acercamos a las elecciones intermedias de 2026, una espantosa unión del poder estatal y la tecnología corporativa está dando forma a un nuevo fascismo, basado no en el capitalismo industrial del siglo XX, sino en la vinculación de la inteligencia artificial (IA) con una policía política fuera de control y una descarada exclusión racial.  Esta amenaza es la cara negativa de la revolución económica.  La impulsa la sustitución de los trabajadores humanos por la automatización, IA y otras formas de tecnología digital.

El régimen multimillonario de Trump y Epstein ha desatado un híbrido fascista que llamamos Jim Crow 2.0:  políticas racistas contra los negros y represión contra los inmigrantes.  Esta nueva forma de dictadura corporativa combina los peores aspectos de la subyugación racial histórica, la tecnología digital moderna y el poder estatal.  Representa un grave peligro para las comunidades negras, los inmigrantes y todos los trabajadores.

Un ejemplo es la silenciosa «colonización corporativa» de la tierra mediante la infraestructura de IA.  Se prevé que los centros de datos de inteligencia artificial proporcionarán pocos puestos de trabajo, pero consumirán grandes cantidades de agua y energía global y contaminrán el aire y el agua de las comunidades marginadas (además de la polución acústica).  El capitalismo actual tiene como objetivo no crear una prosperidad generalizada, sino extraer y concentrar el valor económico en menos manos a costa de los trabajadores y el medio ambiente.

COLAPSO POLÍTICO

Desde los años 70 y 80, la automatización y los robots han desplazado a millones de trabajadores industriales estadounidenses.  Las tecnologías digitales permitieron a los productores deslocalizar millones de empleos más a las cadenas de suministro globales.  Este cambio tectónico privó a miles de millones de personas de un trabajo estable y de cualquier conexión significativa con la clase capitalista, cuyas ganancias dependían de su mano de obra.  Fue la clase propietaria—no los trabajadores—la que exportó los puestos de trabajo, provocando la desindustrialización.

El resultado fue una ruptura en la red de seguridad social.  Junto con la desaparición de puestos de trabajo y salarios, quedaron huecas la educación pública, la sanidad, la vivienda y la participación democrática.  La economía centrada en la producción fue sustituida por una economía de riqueza especulativa (fondos de cobertura que negocian con criptomonedas y otros vehículos de inversión desligados del trabajo productivo), viéndose millones de trabajadores abandonados a su suerte.  Las empresas de capital privado se beneficiaron comprando viviendas en barrios marginales, descuidando su mantenimiento y aumentando los alquileres.

Al destruir el contrato social, el Estado está transformando el gobierno de un organismo que, al menos, sirve al público de alguna manera, en uno que prioriza abiertamente el manejo de los estados de mercado y la protección de privilegios.

EL RACISMO COMO ESTRATEGIA ESTATAL

Las leyes Jim Crow originales aprobadas por los estados sureños revirtieron muchos de los avances que los afroamericanos habían logrado durante la Reconstrucción federal.  Estas leyes privaron a los afroamericanos de sus derechos, atrincheraron la segregación, aterrorizaron y mantuvieron la explotación económica bajo el pretexto de «la ley y el orden».  El sistema Jim Crow fue un instrumento del capitalismo del siglo XIX, que empleó el terror racial y la división para someter a la clase trabajadora del sur, funcionando como un lastre de bajos salarios para los trabajadores de todo el país.  Así, la clase capitalista podía controlar a los trabajadores del norte y del oeste.

Los ataques raciales actuales contra los migrantes recuerdan las Leyes de Exclusión y las antiguas leyes de pase.  Desentierran los estereotipos raciales más trastornados del pasado más oscuro buscando enfrentar trabajador contra trabajador.  Trump preparó la invasión de Minnesota por parte del ICE y la Patrulla Fronteriza llamando «basura» a los inmigrantes somalíes.

La violencia del ICE contra manifestantes de todo color tenía como objetivo reprimir y aterrorizar a toda la oposición, pero ocurrió lo contrario.  Cuando se vieron las grabaciones de los tiroteos contra Renée Nicole Good y Alex Pretti, toda la ciudad de Minneapolis se levantó en una huelga general el 23 de enero, y el 30 de julio estallaron protestas masivas y huelgas escolares a lo largo del país.  Como señaló Adam Serwer, «el hecho de que las dos personas asesinadas en Minnesota fueran estadounidenses blancos ilustra hasta qué punto la guerra de Stephen Miller contra la ‘inmigración ilegal’ es en realidad una guerra contra el pueblo estadounidense».  Trump se vio obligado a poner fin a la «Metro Surge» y el Partido Demócrata incluso votó a favor de recortar los fondos al Departamento de Seguridad Nacional.

¿SUPREMACÍA BLANCA O NUEVA SOCIEDAD?

Sin embargo, la administración sigue planeando ampliar el ICE de 10,000 a más de 22,000 agentes y la construcción de «megacentros de detención».  La infraestructura de encarcelamiento masivo que están construyendo pretende finalmente encarcelar a las comunidades de inmigrantes y trabajadores, tengan o no estatus legal.

Los instrumentos de represión no existen aparte de la transformación económica.  La supremacía blanca es necesaria para la clase dominante y su persecución del máximo beneficio.  Al avivar las divisiones raciales, Jim Crow 2.0 intenta impedir a los trabajadores blancos de reconocer sus intereses comunes con los trabajadores negros e inmigrantes.  Esa división solía desarmar a los trabajadores como fuerza social colectiva, facilitándoles a las élites afianzar los sistemas económicos que nos explotan y descartan.  Pero actualmente los luchadores de nuestra clase están desafiando esa forma de gobernarnos.

El fascismo es la cara negativa de la revolución digital, pero la economía y la historia nos enseñan que el fascismo no es inevitable y que su triunfo ni siquiera es probable.  Si bien es cierto que indudablemente la tecnología ha magnificado los horrores de la guerra moderna y el genocidio, también ha propiciado prácticamente todos los avances en bienestar social que hemos experimentado a través de los años.  La tecnología industrial condujo a la Guerra Civil y a la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos.  La cosechadora mecánica de algodón condujo al fin de la aparcería y al movimiento por los derechos civiles en los años 60.  Las nuevas tecnologías crean las condiciones para la revolución social.  Pero se necesita el pensamiento, la enseñanza y la organización de los seres humanos para lograr la victoria.

Es importante derrotar la consolidación fascista del poder en las elecciones a mitad de mandato del 2026.  Pero este momento requiere algo más que ajustes políticos reactivos.  Requiere un cambio profundo en nuestra conciencia colectiva.  Ha llegado el momento de hacer de la solidaridad, en lugar de la división, la base de nuestra política, y de la cooperación, en lugar de la competencia y la mercantilización, la base de nuestra economía.

Las reformas dentro de un sistema violento pueden reducir el daño en algunos casos, pero a medida que las nuevas tecnologías socavan la vieja economía y empujan a la clase dominante hacia el fascismo, ninguna reforma puede desmantelar las estructuras subyacentes que producen el terror y la desigualdad.  Mientras el Estado sirva al poder, la riqueza y el capital, a expensas de la gente común, la paz seguirá  lejana y la justicia incompleta.

La transformación que necesitamos unirá a los empleados y los desempleados, sin importar su raza, nacionalidad, género u origen, en una lucha común por la dignidad, los derechos y la vida misma.  Mediante la creación de movimientos multirraciales y con conciencia de clase que defiendan a nuestros vecinos, protejan el medio ambiente y recuperen nuestras instituciones, podemos hacer retroceder a Jim Crow 2.0 y rechazar el giro hacia un fascismo estatal impulsado por la inteligencia artificial.

La revolución inconclusa de Estados Unidos no ha quedado atrás.  Está aquí.  Se ganará no con la retirada, sino surgiendo unidos para luchar por las necesidades de nuestro pueblo.

Publicado el 10 de marzo de 2026.

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