
Fragmentos de un informe político del Consejo Nacional de la Liga, 1ª parte
Ya se va viendo el contorno general de una transformación del actual sistema bipartidista. El Partido Demócrata contiene una corriente antifascista y pro-clase trabajadora poderosa y creciente, pero se ve en conflicto directo con el ala corporativa en control del aparato del partido. La ofensiva fascista de los multimillonarios arrebató la dirección del Partido Republicano. Ninguno de los dos partidos, tal y como son actualmente, puede ofrecerle a la clase trabajadora lo que necesita. Pero la polarización y las divisiones emergentes en su seno ofrecen importantes oportunidades para avanzar hacia un tercer partido y, finalmente, al partido de la clase trabajadora necesario para una transformación social.
Claramente, la mayoría de los miembros del Partido Demócrata son antifascistas, como lo demuestran ampliamente las manifestaciones de «No Kings». Los demócratas identificándose como liberales han pasado del 28% del total en el 2000 al 59% hoy día, y hay millones que se autodenominan socialistas democráticos. El movimiento a favor de la clase trabajadora dentro del Partido Demócrata sigue ampliándose y profundizándose constantemente. Unos 30 demócratas de la Cámara de Representantes se enfrentan a primarias en 2026. Candidatos como Platner, Talarico y Abdul El-Sayed están ganando terreno en las carreras al Senado. Las grandes ciudades han elegido a líderes a favor de la clase trabajadora para cargos locales, como Zohran Mamdani, Katie Wilson y Brandon Johnson.
Bernie Sanders y el diputado Ro Khanna han presentado una propuesta de ley a nivel nacional para imponer un impuesto sobre el patrimonio del 5% anual a los multimillonarios, estableciendo un criterio decisivo para evaluar a los candidatos demócratas, incluyendo los que se postulen para las elecciones presidenciales de 2028. Este impuesto recaudaría 4.4 billones de dólares para revertir los recortes de Trump a Medicaid, ampliar Medicare y proporcionar pagos en efectivo de 3,000 dólares por persona a todas las familias estadounidenses con ingresos de menos de 150,000 dólares al año.
EN RUMBO DE COLISIÓN
Pero, a la vez, los demócratas a favor de las grandes empresas que dominan el Comité Nacional Demócrata están redoblando su negativa a las reivindicaciones de la clase trabajadora. El auge de la inteligencia artificial—y el potencial de sacarle miles de millones en ganancias—añade ahora una nueva urgencia a su lucha por mantener el poder corporativo.
Los líderes demócratas se están uniendo en torno a una nueva estrategia de comunicación denominada «agenda de la abundancia». El concepto se popularizó en el libro Abundance, de Derek Thompson y Ezra Klein, publicado en 2025. Se ha convertido en un movimiento de la abundancia que ha recaudado fondos, organizado conferencias, escrito artículos y libros y dado lugar a numerosos grupos de presión. Los defensores de la abundancia sostienen que los demócratas deberían organizarse en torno a la creación de más riqueza mediante la simplificación de las regulaciones gubernamentales, en lugar de discutir sobre cómo se debe distribuir la fabulosa riqueza que ya existe.
Básicamente, se trata de una reinvención de la economía del goteo popularizada por Herbert Hoover y Ronald Reagan, disfrazada en lenguaje «tecno-optimista» moderno. El problema, claro, es que el aumento de la abundancia en un sistema de propiedad privada sólo da lugar a más multimillonarios en la cima y más pobreza, personas sin hogar, enfermedades y miseria para las masas en la base.
La unión entre la ideología de la abundancia y el sector de la inteligencia artificial allana el camino para una capitulación total ante el fascismo. Según el investigador Dylan Gyauch-Lewis, la «pandilla de la abundancia tiene un tremendo problema con la IA». Resulta que está financiada en gran medida por empresas tecnológicas, fundaciones, think tanks y asociaciones sectoriales relacionadas con la IA. Las políticas que defienden la abundancia no sólo se enfocan en la vivienda, la energía y el transporte, sino también en acabar con la resistencia a la construcción de centros de datos y prisiones de ICE.

Aunque los demócratas favorables a las grandes empresas hablan de boquilla sobre la democracia, e incluso pueden criticar abiertamente a Trump, no dejan de estar irremediablemente ligados al complejo industrial de la IA que están impulsando Trump y el Partido Republicano. Las consecuencias catastróficas de la IA la hacen fundamentalmente incompatible con la democracia. La base de clase trabajadora del Partido Demócrata va en camino de una ruptura con sus dirigentes multimillonarios. Sólo falta saber cuándo.
EL PARTIDO REPUBLICANO
El Partido Republicano en general sigue la agenda fascista procorporativa, pero está profundamente dividido en cuanto a las tácticas que emplear mientras mantiene aunque sea una fachada de base entre la clase trabajadora. Existe un ala pronazi, liderada por Stephen Miller, que impulsa agresivamente el programa «Proyecto 2025». Al mismo tiempo, hay un ala pragmática con personas al frente que, de boquilla, dicen rechazar el nazismo, mientras apoyan un fascismo más suave y amable que pueda suprimir la democracia con menosde la violencia que ha provocado tanta oposición.
Sin embargo, el fascismo no es sólo el proyecto de un grupo de ideólogos racistas y especuladores corruptos. La realidad es que la revolución de la IA ya está echando a la pobreza a millones de personas de ambos partidos. La economía está empezando a desgarrar a la base del movimiento MAGA. La IA no puede desarrollarse dentro de un sistema de propiedad privada sin una dictadura corporativa fascista. La dictadura corporativa es imposible sin eliminar o restringir severamente el derecho al voto. Y la supresión del voto es imposible sin campañas racistas y campañas políticas contra, literalmente, todos los sectores de la población, reales o imaginarios, que puedan separarse y atacarse.
El problema para los republicanos es que necesitan a auténticos nazis del tipo «sangre y suelo» para impulsar la agenda fascista, y no pueden lograrlo sin ellos. Puede parecer contradictorio que unos republicanos tan proisraelíes se alíen con nazis declarados, pero, de hecho, existe una larga relación entre los sionistas de derecha y los nazis que se remonta a la década de 1930. Sin embargo, la tóxica impopularidad del nazismo obliga a Trump y a los líderes del movimiento «Make America Great Again» a dar repetidos bandazos verbales y a caer en la ambigüedad, cosa que debilita su liderazgo y unidad.
La dictadura no puede consolidarse sin la Ley SAVE y la supresión de la ciudadanía por nacimiento. Sus verdaderos objetivos no son sólo gente indocumentada, como dicen, sino los derechos de los grupos cada vez más numerosos de personas a las que se ven obligados a marginar para retener su poder. El creciente rechazo popular hacia sus tácticas supone una amenaza de vida o muerte para todo el proyecto fascista.
GUERRA CONTRA IRÁN
Todas estas divisiones dentro de los dos principales partidos se han agudizado drásticamente a raíz de la guerra de Estados Unidos contra Irán. NUNCA antes había habido desde el principio tanta oposición por parte del pueblo estadounidense a una guerra de Estados Unidos como la que hay ahora. Además de volver a amenazar al planeta con una guerra nuclear, está causando un daño medioambiental masivo y poniendo en peligro innecesariamente la vida de millones de civiles iraníes e incluso de soldados estadounidenses. Está costando miles de millones de dólares y provocando un aumento drástico de los precios de la gasolina y los alimentos, no sólo en el extranjero, sino aquí en Estados Unidos, tanto para los votantes republicanos como para los demócratas.
Esto está agravando la polarización dentro de los dos partidos políticos principales. El 15 de abril, el mayor número de senadores de la historia votó en contra del envío de armas a Israel (36), entre ellos más de tres cuartas partes de los senadores demócratas. Al mismo tiempo, por otra parte, el Comité Nacional Demócrata, favorable a las grandes empresas, se negó a romper sus vínculos con el grupo de presión proisraelí AIPAC, financiado por multimillonarios.
El sentimiento antibélico ha surgido incluso dentro del Partido Republicano. Importantes figuras influyentes del movimiento MAGA han alzado la voz sin dudarlo, no porque hayan cambiado sus opiniones fascistas, sino porque el impacto de la guerra está traumatizando a los sectores de clase trabajadora de la base del MAGA. Así, existe la posibilidad de que una parte de los republicanos se reniegue y vote con los demócratas para invocar la Ley de Poderes Bélicos, cuando el 1 de mayo expire el plazo de 60 días para su aprobación por parte del Congreso.
La convergencia de todos estos factores crea una oportunidad significativa—sin precedentes desde la guerra de Vietnam—para unir un amplio movimiento contra el militarismo de la clase dominante. Fortalecer el movimiento por la paz supondrá un paso más hacia la independencia del sistema bipartidista y la creación de un tercer partido de izquierdas y anticorporativo en el que los trabajadores puedan luchar más eficazmente por el poder político frente a la clase multimillonaria. Es una oportunidad más para que los revolucionarios aborden la angustia económica e indignación moral de los trabajadores y profundicen en su conciencia social y de clase.
La lucha contra el fascismo exige que construyamos la unidad de la clase trabajadora, paso a paso, en todos los oficios, regiones, grupos demográficos e ideologías. El épico levantamiento de Minnesota nos enseña el camino. La unidad comienza con los más afectados y se extenderá hacia los sectores más amplios de la sociedad. La guerra, la inflación y los recortes presupuestarios en las necesidades básicas están impulsando a cada vez más personas a la resistencia.
Publicado el 29 de mayo de 2026.
¡Agrupémonos! P.O. Box 408002
Chicago, IL 60640
Licenciado bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.


