
El año 2026 marca el 250.º aniversario de la Revolución estadounidense. Ante el aumento de la pobreza y de la violencia supremacista blanca, hay quienes se preguntan si todo aquello fue un fracaso. Comprender la compleja historia de la Revolución ayuda a determinar el camino a seguir. Una interpretación errónea de nuestra historia mantiene a la gente dividida por motivos de raza, género y estatus migratorio, empujándonos hacia un fascismo propio del siglo XXI.
La pregunta «¿Fracasó la Revolución?» puede sonar dramática, pero la verdadera cuestión es: ¿qué ganaron o perdieron los distintos grupos y clases sociales?
¿QUIÉNES GANARON?
La Revolución fue una victoria para los capitalistas coloniales cuya riqueza dependía de la mano de obra esclavizada y del comercio mundial. Las plantaciones generaron enormes fortunas para propietarios como George Washington y Thomas Jefferson. Los comerciantes, transportadores y financieros del Norte también se enriquecieron —aunque si nunca poseyeran gente esclavizadas personalmente— al financiar, asegurar y comercializar productos elaborados por personas esclavizadas.
Algunos agricultores y trabajadores mejoraron sus condiciones de vida una vez libres de los impuestos y el control británicos. Sin embargo, la Revolución perturbó las economías locales de tal manera que muchos terminaron más pobres que antes. Fue, ante todo, una victoria para las élites coloniales, que se convirtieron en la clase dirigente de la nueva nación.
La Revolución no contribuyó en nada a liberar a los afroamericanos esclavizados, a pesar de que la Declaración de Independencia de 1776 comienza afirmando que «todos los hombres son creados iguales». De hecho, la victoria de los colonos sobre Gran Bretaña ató aún más firmemente a los afroamericanos esclavizados a las plantaciones del Sur, que se expandían rápidamente.
La Revolución tampoco restituyó las tierras arrebatadas a los pueblos indígenas. Por el contrario, los nuevos estados estadounidenses aceleraron el despojo y el genocidio una vez liberados de las restricciones británicas que limitaban la ocupación de tierras indígenas por parte de los colonos. Dichas restricciones no se habían impuesto para proteger a los indígenas, sino para contener la amenaza que suponían la creciente riqueza y el poder de los colonos. La Declaración de Independencia respondió con una feroz supremacía blanca, acusando al rey Jorge III de favorecer a «los habitantes de nuestras fronteras, los despiadados salvajes indios».
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RESULTADOS DISPARES PARA LAS MASAS TRABAJADORAS
Para los pequeños agricultores, los trabajadores y los comerciantes, la Revolución fue un éxito solo parcial: reportó algunos beneficios, pero menos de los esperados. En el Sur, la clase terrateniente, ahora fortalecida, siguió oprimiéndolos económicamente. En el Norte, los comerciantes más acaudalados recibieron un trato favorable por parte de los gobiernos estatales, mientras que los sectores más pobres sufrían el peso de nuevos impuestos.
Los veteranos sufrieron retrasos en el cobro de sus pagas atrasadas, lo que llevó a la ruina económica a aquellos que habían quedado desempleados o discapacitados tras la Revolución. Daniel Shays abandonó el ejército en 1780 al no poder saldar sus deudas. Se convirtió en uno de los líderes de la rebelión de 1786 en Massachusetts —conocida hoy como la Rebelión de Shays—, la cual reflejaba el profundo malestar de las clases trabajadoras. La obra *A People’s History of the United States* (La otra historia de los Estados Unidos) cita a un agricultor rebelde que se vio “obligado a hacer más de lo que me correspondía en la guerra, cargado con impuestos de clase, municipales, provinciales, continentales y de toda índole… acosado y arrastrado por sheriffs, alguaciles y recaudadores”.
Estas protestas aterrorizaron a algunos sectores de la élite. Otros, como Thomas Jefferson, apoyaron aplastar a las clases bajas rebeldes. En una carta de 1787, escribió: “El árbol de la libertad debe ser regado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural”. Él sabía mucho de abono (y de palabrería vacía), pues escribió que “todos los hombres son creados iguales” en la Declaración de Independencia, al tiempo que vendía a niños esclavizados.
Aunque cada levantamiento fue sofocado, no carecieron de sentido. Aportaron a las clases trabajadoras experiencia en la lucha por sus propios intereses, lo que presionó a las élites gobernantes a conceder derechos democráticos limitados que Gran Bretaña había negado. El progreso avanzó a pasos pequeños. No obstante, la misma Revolución que abrió puertas a los trabajadores también otorgó más poder a la clase que se beneficiaba de su trabajo.
LA TRAICIÓN A LOS ESTADOUNIDENSES ESCLAVIZADOS
Para las personas esclavizadas, la Revolución no supuso una victoria parcial; fue una traición. Permanecieron atrapadas mientras las plantaciones del Sur se expandían y se volvían aún más brutales en las décadas posteriores. La agricultura de plantación no resultaba viable para el clima y los suelos del Norte, por lo que los capitalistas de esa región estaban dispuestos a abolir la esclavitud. En 1783, Massachusetts puso fin a la esclavitud después de que los tribunales ratificaran la declaración de la nueva constitución estatal de que «todos los hombres nacen libres e iguales». Entre 1784 y 1804, se aprobaron leyes de abolición gradual en Pensilvania, Rhode Island, Nueva York y Nueva Jersey.
La Revolución también cerró otra posible vía hacia la libertad. Cuando Gran Bretaña aprobó la abolición parcial de la esclavitud en 1833, las personas esclavizadas en Estados Unidos quedaron totalmente excluidas. Tuvieron que valerse por sí mismas —creando redes clandestinas y organizando rebeliones— para finalmente impulsar el movimiento nacional que abolió la esclavitud tras la conclusión de la Guerra Civil en 1865.
LA ESCLAVITUD CAPITALISTA Y LOS TRABAJADORES BLANCOS
El crecimiento de la esclavitud —el sistema que trataba a las personas como propiedad— también perjudicó a los trabajadores blancos libres, aunque de manera menos evidente. Karl Marx empleó el nuevo método analítico del materialismo histórico para explicar la conexión entre la esclavitud y el sistema capitalista. En *Miseria de la filosofía* (1847), escribió: «La esclavitud directa es tanto el eje de la industria moderna como la maquinaria y el crédito. Sin esclavitud, no hay algodón; sin algodón, no hay industria moderna».
*Miseria de la filosofía* – Consulte: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1847/poverty-philosophy/index.htm
Marx trabajó para vincular a los obreros industriales ingleses con los abolicionistas estadounidenses, explicando cómo sus luchas estaban conectadas. Tras la derrota de la clase terrateniente esclavista en la Guerra Civil, escribió en *El capital* (1867) que «la esclavitud velada de los trabajadores asalariados en Europa necesitaba de la esclavitud abierta del Nuevo Mundo como fundamento». En otras palabras: la brutal explotación de las personas esclavizadas en América contribuyó a hacer posible la explotación de los trabajadores en Europa. Ambos sistemas se alimentaban mutuamente.
*El capital*, tomo I – Consulte: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1867-c1/index.htm
Comprender quién ganó y quién perdió en 1776 nos ayuda a percibir el potencial revolucionario existente hoy en día. Los capitalistas que controlan la economía y sus poderosas nuevas tecnologías ya no necesitan esclavitud en plantaciónes ni obreros fabriles, y tampoco garantizarán la satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores desplazados. Por el contrario, los métodos fascistas empleados antaño contra gente anteriormente esclavizadas y contra las comunidades indígenas se están desatando ahora contra las masas desposeídas de todos los colores.
La lucha decisiva de nuestra época es el combate contra el fascismo del siglo XXI y por una sociedad cooperativa que distribuya la abundancia social en función de las necesidades humanas. Los ideales revolucionarios que impulsaron el derrocamiento de reyes y la abolición de la esclavitud en el pasado inspiran la actual lucha de clases por la abolición de la propiedad privada capitalista.
Publicado el 4 de julio de 2026.
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